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martes, 1 de agosto de 2017

Susúrrame entre las Piernas

Aprovecho la publicación de la antología "Susúrrame entre las piernas" en la que participo para sacudir el viejo y olvidado cadáver de mi blog, con la esperanza de que vuelva a resurgir del polvo.


"SUSÚRRAME ENTRE LAS PIERNAS"

1, 2, 3... 69

relinks.me/B074DRBB1C (edición digital)
relinks.me/1974108961 (edición en papel)

Llega la antología erótica más ardiente del verano... "Susúrrame entre las Piernas". ¿Estás preparad@ para un viaje sensorial? ¿Si? Pues acomódate... Abre las piernas y susurra leyendo cada palabra llena de placer... El viaje será muy húmedo a causa del fuego de tu cuerpo.

Si estáis preparadxs para perder el juicio tenéis que echarle un ojete a mi aportación "Llueve semen en mi jardín", una historia eróticamente extraña. Además cuento con la compañía de artistas como Zoe Llum, Geraldine Lumière, Carlos G. Loco, Dulceida Justin, Armando Ferri y Katy Molina.

¡Venga todxs a toquetearse!


domingo, 4 de diciembre de 2016

Despojismo ilustrado


Escrito bizarro sobre el trabajo / derecho a la vagancia



Soy un puto despojo. Tengo derecho a serlo. 

Tengo derecho a malgastar mi vida tumbado en esta sucia cama 
esperando lentamente a mi inevitable putrefacción,
dejando que poco a poco las costras vayan encadenando mi alma a este apestoso colchón repleto de mierda, sangre y semen.
Tengo derecho a vomitar bilis hasta excretar toda mi jodida humanidad,
para escapar de vuestra maldita estirpe 
y resguardarme en mi mundo horrorosamente demente y cálido a la vez.
Tengo derecho a fumarme mis dedos roñosos y amarillos
 hasta saciar mis demonios internos,
e irnos a tomar por culo por la senda de la degeneración.

Hacer, al fin y al cabo, de la vagancia,
una ideología radioactiva con la que combatir
vuestro afán de trabajar comprar y morir.
Hacer ver a la gente que nos mira con superioridad,
que se les está escapando la vida ante su puta cara,
y que no se dan cuenta,
por estar demasiado ocupados en vestirse con trajes lustrosos
 y en embutirse sus empleos por el culo,
vendiendo tiempo de vida para comprar basura,
y solo así poder sentirse persona.

¿Acaso es eso superioridad?
Lo que es es una puta derrota.
No poder sentirse a gusto con uno mismo,
no poder estar en paz, ser feliz,
sin trabajar, cotizar ni consumir.
Convertirse en un zombi productivo, un esclavo sin cerebro, una persona
sin ser humano.
Esperar día tras día que llegue el momento de tu liberación,
que será cuando estés tan cerca de ser un cadáver
que ni lo podrás disfrutar.

Llámale a eso vida si te atreves.
Parásito.

jueves, 3 de noviembre de 2016

El pasado oscuro de Don Limpio

Bienvenidos una vez más a mi demencia. Comparto con el ciber(infra)mundo un relato que escribí hace bastante tiempo para No! Fanzine, para compensar la falta de paranoias literarias que cago últimamente. 

EL PASADO OSCURO DE DON LIMPIO


Me entretengo contemplando mí demacrado cuerpo en el espejo, mientras espero a que vengan mis nietos a la cena por mis cumpleaños. ¡Quién lo diría! Cincuenta putos años que pasan volando… A pesar de que conseguí hacerme con el estrellato televisivo nacional como rey de la limpieza hogareña, he sido joven como todos y tengo un pasado oscuro que revelar. Mi nombre es Torcuato Policarpo Paniagua Barrinagarrementeria, aunque soy bastante más conocido como Don Limpio, o como el puto calvo friegasuelos de los cojones. 

Lo que nadie sabe es que yo en mis años mozos fui el azote de las calles, un jodido monstruo que lo reventaba todo a su paso. Cómo añoro esos tiempos en los que era calvo por mi propia elección, no por la maldita alopecia. Era un skinhead de los duros chaval, no te habría gustado cruzarte conmigo. He llegado a reventar a cinco tíos a la vez sin soltar mi whixky “on the rocks”. He hecho brotar más sangre que cualquier matasano de hoy en día. Sin bisturís, sin artilugios. Solo mis puños en tu cara de adefesio. Con eso era más que suficiente. 

Nací, como muchos otros coetáneos míos, en una familia pobre y problemática. Mi padre era un amago de asesino en serie que no tenía la suficiente maldad ni para ser un afiliado del Partido Popular. Se mostraba poderoso ante nosotros, invencible, jactándose de ser un hombre hecho y derecho. Pero no era más que un saco de lleno de desperdicios que pocas veces podía mantenerse en pie. Esas contadas ocasiones las invertía zurrándonos con diversos utensilios y herramientas o quemándonos la cara con cigarrillos encendidos. Esa es la razón por la que se me ha quedado esta cara de tontaina-bastardo pajillero y con problemas de estreñimiento. El día que le planté cara vi como su sonrisa se extinguía para siempre. Le metí tal tunda que se tuvo que quedar en la cama un par de meses. Yo no tendría más de doce años. Menudo percal, casi me lo cargo. Nunca sentí remordimiento alguno, era algo que tenía que hacer. Falleció a los dos años sin ninguna razón aparente, totalmente deprimido y sin ganas de vivir. Este hecho me marcó para siempre. Degusté mi primera victoria, hice verter sangre de alguien a quien odiaba. Me dio cojones para salir a nuestro infecto y despiadado mundo. 

Mi madre, en cambio, era fiel y trabajadora, pero el tener que llevar una familia a rastras consume a cualquiera. Sobre todo si tienes que cargar con el enorme peso de un despojo alcohólico y cinco bastardos sin cerebro que iban por el mismo tormentoso camino. Se escapó de casa. Un día fue a trabajar y no volvió. A saber cómo acabaría. Las posibilidades son infinitas: desde acabar tirada en una cuneta hasta terminar liada con un pajarraco con más dinero que sentido común, pasando por politoxicómana o concejala. Da lo mismo. La cosa es que nos dejó solos, a merced de nuestra puta suerte. 

Tuve que hacerme cargo de mis hermanos. Obligado a patearme las calles, buscar en las basuras, robar y patear a niños pijos con dinero. Me junté con los inadaptados, los que supuestamente debía mantenerlos alejados de mí y me aceptaron como uno más. Me enseñaron valores, no se pegaba a cualquiera. A los nazis, racistas, acosadores, hippys, degeneraos, a los que se pasaban con el pimple… Y a los domingueros con dinero, pero solo por una cuestión puramente económica. No sabes lo que cuesta montarse una buena juerga. Solo con las cervezas gastábamos más que la Casa Real. 

El día que estrené mis botas con punta de acero en los dientes de un cara nalga con granos y verrugas fue uno de los mejores de mi vida. A partir de ahí es donde empezó mi declive. Me convertí en una bestia que solo se amansaba con sangre. Hice Caminos de Santiago peregrinando por cada sede de cerdos bellotos, enseñándoles la gracia de Dios con mis hostias bendecidas personalmente. He destrozado, reventado, machacado, pateado, desgarrado y pulverizado tantos miembros y órganos que si los apilara todos darían la vuelta al mundo. 

Muchos se preguntarán como un tío tan violento acaba siendo el Don Limpio de la tele. Es algo lógico y natural. He tenido que limpiar tanta sangre de mi ropa o del suelo de mi casa que tuve que inventarme un friegasuelos milagroso. Es solo para pagarme las facturas. Si las palizas cotizaran no tendría que pensar nunca más en el dinero pero la vida es así.

La mejor parte de mi vida ya se ha escapado para no volver y lo único que me queda es disfrutar de estos recuerdos placenteros hasta que lentamente me vaya quedando sin vida. Un segundo antes de morir me empaparé mentalmente con toda esa sangre y moriré feliz sabiendo que he cumplido mi misión: ¡reventar todo y a todos!

jueves, 27 de octubre de 2016

Anti Sozial Mattin I

Iluntasunak besarkatzen nau lotan nagoen bitartean. Zoriontsu sentitzen naizen une bakarra da. Esnatzen naizen bakoitzean hiltzen naiz, ilunabarrean berriz berpizteko. Begiak ireki bezain pronto errealitatearen bortizkeriak estutzen nau. Mila burutapen, mila oroitzapen nire burua etengabe mailukatzen dutenak. Nire kobazuloan ezkutatzen naiz mundu galdu honetaz ihes egiteko. Beldurra ematen dit kalera irtete soilak. Baina ez da koldarra naizelako, ezta pentsatu ere! Nire burua kontrolatzeko gai ez naizela besterik ez da. Munstro bat naiz. Lotuta eta giltzapetuta egon beharko luken pizti zantar eta nazkagarri bat. Baina inor ez da ausartu ere egin ni ehizatzen saiatzen, jakina!

Nire ezkutalekuan eroso sentitzen naiz benetan, mundu errealetik urrun. Ez da eguzki izpi ustel bakar bat ere sartzen, sekulako gorrotoa baitiet. Ez dut ezer jakin nahi eguzkiaz ezta berarekin zer ikusia duen ezertaz. Jendearentzat alaitasunaren irudi izaten da, baina niri samina besterik ez dit sortzen. Beroa, jendea (batez ere domingero aluak),...besterik ez dakar, dena gauza negatiboak. Argitik aparte mantentzen naiz, albino zorritsu bat bainintz bezala. Nire kuartelaren iluntasuna nire arimarenaren pare dago eta horri esker jarraitzen dut aurrera. Ez dut behar jauregi erraldoirik, ezta ere farlopaz inguratutako emakume lirainik. Nahikoa dut kakaz beteriko zulo ezdeus bat pakean bizi ahal izateko.

Zein ederra den norberaren egongelan barrabilak ferekatzen egotea, inongo molestiarik gabe, iluntasunaren bakardade hotzak nire azaleko milimetro bakoitza kitzikatzen duen bitartean. Inguruan benetan atmosfera ederra daukat. Ez da ezer ere ikusten, berdin du begiak irekita ala itxita eduki. Dena den, nik nahiago dut itxita mantentzea. Munduaren amildegirik ilunenaren barnean egongo banintz bezala. Ahul, hauskor, baina era berean gogor, suntsiezin. Hala ere, ez da iluntasuna pozten nauen gauza bakarra. Inguruan dagoen odol kirats izugarriak birikak betetzen dizkidanean Jainkoa bera bezalaxe sentitzen naiz. Ez dut behar ez tabakorik ezta marihuana edo horrelako zerrikeriarik, nahikoa dut edozein bastardoren odol lurruna nire barnean sentitzearekin. Gainera, barregura ematen dit likido gorri preziatu hori nondik datorren gogoratzeak: hildako sasikume baten gorpu lizundutik. JA!

Gorroto dut jendea. Nire indar guztiarekin, gainera. Nigatik balitz, bakar-bakarrik biziko nintzateke mundu osoan. Kauen dio, pistola bat edukiko banuke, makina bat putakume akatuko nituzke. Denak, seguraski. Izurriterik okerrena baino kaltegarriagoa izango nintzateke. Nazka ematen didaten guztien aurpegi gantzatsuak ebakiko nituzke nire etxean garaikur moduan gordetzeko. Beraien erraiak aterako nizkieke maltzurki, ipurtzulotik sartu eta ahotik berriz ateratzeko soilik. Argi ibil daitezela. Denbora asko igaro dut erretiroan, urte sabatikoa hartzen. Laster berriz odol ibaiak isuriko dira eta ezingo du inork ezer egin hori ekiditeko. Putakume aluak, iritsi da zuen ordua...

sábado, 6 de agosto de 2016

Me llamo James Osorio, capullo

Ruido de barrotes…empieza otro día…

Me hago una bola en mi cama de piedra (o de mierda, que es lo mismo) mientras la realidad se mezcla con mis sueños creando una simbiosis realmente irreal, pero dulce como ella sola, que me sumerge en una utopía de felicidad pura, amén de proporcionarme un subidón mañanero muy pero que muy gozoso. Lo aguanto. Trato de que ese trozo de paraíso mental se me quede clavado en el cerebro para poder ser por siempre feliz, pero es imposible. Los ruidos chirriantes y horribles de siempre me sacan de mi ensueño hecho de cabello genital de ángel para traerme de vuelta a la cruda realidad de estar viviendo en el ano infectado del mismísimo demonio. En un desesperado intento de volver a mi Edén, hago todo lo posible para volver a evadirme, como un palurdo que intenta, sin lograrlo, que mediante el “dubi-dubi” se le vuelva a poner tan dura como la cara del rey. Pero esa es una tarea hercúlea donde las haya así que desisto enseguida.

Me levanto de un salto procurando mentalizarme para lo que me espera, pero el frío y el malestar me golpean de tal forma que caigo rendido de rodillas. Derrotado antes de empezar a luchar, menuda miseria la mía. Un día de estos no tendré fuerzas ni para mover este ataúd errante lleno de desperdicios al que llamo cuerpo, acabándose así mi desafortunada odisea psicotrópica por los oscuros arrabales de la existencia. Me cago en la puta… Últimamente no puedo evitar ponerme ñoño y sentimental, he debido de coger algún virus maléfico de mierda. Consigo incorporarme de milagro, apoyado en la pared de mi mugrienta celda, y cierro los ojos con fuerza para poder detener el enorme caudal de dolor y paranoia que revienta mi organismo, pero solo consigo morir un poco más con cada respirar, con cada bocanada de aliento perdido en manos de mi puta desgracia. Casi no puedo ni con mi alma. Necesito un tiro en la sien para sentirme bien.

Me entretengo un rato en mi mundo, pensando sobre las degeneraciones más sórdidas posibles, hasta que me doy cuenta de que me están observando. Abro los ojos con mucha “parsamonia”, porqué sé lo que me espera. Un garrulo, tan grande como descerebrado, me mira a través de unos “birojos” ojos, negros como su propia alma, de la misma manera que un paleto sureño mira a sus ovejas encerradas, con la superioridad que le da el saber que tarde o temprano te acabará dando por el culo. Literalmente. O literanalmente. Da lo mismo, la cosa es que estoy bien jodido. Daría lo que fuera por no tener que ver a estos engendros retrasados nunca más. Joder, ya te digo. Me rebanaría el escroto al cero de la misma. ¿Dónde ostias hay que firmar? Lo que sea con tal de no sufrir más humillaciones, vejaciones y palizas de estos malnacidos. Pero no nos engañemos. La única salida es el suicidio, y no pienso regalarles ese placer.

Una voz de castrati gangoso y ceceante me expulsa de mi ensoñación. Hay que joderse, ya empezamos con el numerito. Se dirigen a mí con un conjunto de cifras sin sentido, que no representa para nada mi persona. Me llamo James Osorio, capullo, y no soy ese cúmulo de mierda mohosa que tienes ante tu puto hocico de perro sabueso. O no lo era, por lo menos. Era el puto loco de la colina que sembraba el caos entre el condado de los folla cabras sidosos y el señorío de los yonkis sin cerebro ni genitales. Que recuerdos… Era tan feliz antes de que me metieran en este zulo dejado de la mano de dios. Me cago en el todopoderoso, ya me podían haber dado la puta pena de muerte, coño, que en este país es legal todavía. Así al menos ya estaría en el infierno, que no es peor que esto y que, además, me pertenece.

Hago todo lo que me piden, como siempre: ponte aquí, vete pallá, no me toques los cojones, todos en fila, chúpame las pelotas… Lo típico. La misma bazofia horrible e insufrible día tras día. ¿Qué coño habré hecho para merecerme esto? Es una pregunta retórica, obviamente, ya que sé muy bien lo que hice. En un momento de angustia y desequilibrio mental obsequié con paz y tranquilidad espiritual a una familia infeliz y caída en desgracia, presa de un sistema inhumano que consume las almas de la gente hasta convertirlas en zombis con cerebro y cartera pero sin solución, proporcionándoles una salida digna de su espeluznante horror cotidiano. Que es lo mismo que decir que se me fue la pinza al masacrar a una familia normal y corriente a lo bestia y solo porque me dio la gana. La gente se echó las manos a la cabeza como si yo fuera un loco, un peligro público que hubiera que encerrar. Puta hipocresía. Yo al menos no estoy obligando a niños extranjeros a morir de hambre o por enfermedades fácilmente curables, ni les estoy matando a trabajar como si fueran sucias ratas amarillas de cloaca. Tampoco estoy apoyando el exterminio de un pueblo inocente solo por lamerle el ano incrustado en diamantes a mi dueño, sea quien sea y haya sufrido lo que haya sufrido. Todos en la sala gritaban pobres niños, pobre familia, pobre su puta madre… dejando claro que no son más que basura. ¿Y los niños de África? ¿Y las niñas de China? ¿Y todas las familias que se mueren por culpa de las guerras absurdas creadas por esa nación a la que tanto amáis? ¿Por qué os la suda tanto? ¿Cuál es la diferencia? Que no son VUESTROS hijos. Hijos blancos conformistas, tremendamente pijos, con más gomina que neuronas y con millones de billetes miserables ensuciados con la mierda de elefante o gaviota o cualquier animal políticamente simbólico. Dais asco. Mi forma de ser, aunque demente, es más decente y consecuente que la vuestra. Lo admito, a mí me la chupan los niños que se mueren por el mundo, pero también me la pela la familia esa que reventé. De hecho, no me importa otra cosa que mi propia supervivencia. Todo lo demás se puede ir al carajo.

Ha llegado el momento de ponerse a currar, una de las pocas cosas de aquí que se me presentan soportables. Una de las razones es que me reducen la condena si lo hago, aunque creo que no me servirá de mucho si comparamos los años que me quedan de presidio con los que me quedan de vida. Pero me da igual. Es lo mejor que me ha pasado desde que me arrastraron a esta fortaleza demoníaca llena de odio carroñero y bilis barato de despojos humanos pútridos. Como si de repente me purificara una luz cálida y redentora salida de la entrepierna de un seboso salvador pansexual que ahogara mis maldades de cabronazo con el whisky de oro macizo destilado desde mis heridas más infectadas, bautizándome como un renovado hombre libre… Joder… Tengo que dejar de hacerme tantas pajas mentales (o pajas, a secas), o voy a acabar peor de lo que ya estoy. Me adentro en la cocina donde trabajo, que se asemeja más a un laboratorio de meta que a otra cosa, y me dispongo a efectuar mi labor. Y os preguntaréis: ¿Qué diógenes hará el zurullo mecánico este para que no le pongan una soga al cuello directamente? Pues os advierto de que no soy una especie de David de Jorge yanqui y escuálido, encarcelado por soltar burradas sobre penetraciones anales en horario infantil, si es lo que pensáis. No tengo estudios, ni experiencia, ni el mínimo de sentido común necesario para poder elaborar mejunjes que no salgan disparados por el ano cual colosal bola de fuego solo por el simple hecho de saborearlos. Aunque también cabe la posibilidad que sea exactamente esa la razón por la que esté donde estoy. Para que cada vez que esos bastardos prueben un bocado les parezca estar degustando pura mierda homínida de primera y adecuadamente adulterada. Porque si no, no sé qué puede ser. Lo único que puedo decir a mi favor es que le pongo pasión a lo que hago. Sí… una pasión enorme. Tan grande que se pasa de enfermizo. Me gusta desmembrar, cortar, despellejar, machacar, picar, rellenar (ouh sí), triturar, flamear, deshuesar… y la lista sigue. Lo que para la gente “normal” es comida para mí solo son víctimas. Dulces y comestibles fiambres asesinados con mis propias manos y convertidos en majar, y a la vez, en crimen. Ese es mi secreto para ser un hacha en la cocina. Mucho amor. Además yo no le hago ascos a nada, experimento con lo que sea. No soy de esos veganos o vegetarianos que no comen carne ni nada que venga de un animal. No saben el placer que da comer cosas con alma. Adoro las carnes sobre todo porque sé que para que yo me lo pueda comer algún bicho tiene que morir. Es una balanza deliciosamente maligna. Pero yo no me quedo ahí, por supuesto. Me encantan las frutas y verduras también porque sueltan una cantidad bastante considerable de sangre inmaculada y virgen. Y no me digas que no es sangre de verdad porque no me interesa saberlo. No obstante, hay una cosa que me mosquea mucho. Domináis, cebáis y matáis a casi todas las especies habidas y por haber en este jodido planeta, pero cuando os hablan de canibalismo decís que es inmoral, inhumano, indecente, bla, bla, bla… ¡Si es lo mismo! Seguro que nos perdemos infinidad de delicias solo por la puta estupidez humana. No voy a sugerir que deberíamos inventar ganaderías para humanos (dejo ese trabajo para otro iluminado), pero, joder, con la de gente que se está muriendo por ahí, pues no sé, digo yo que podríamos hacer algo para que no se desaprovechen tantos cadáveres. Si he de ser sincero, ahora mismo me apetece comerme un gordo. Qué le voy a hacer yo…

Acabada la jornada, me vuelvo a mi celda para anti socializarme. Odio que la gente me incordie. Si pudiera cargármelos a todos…la fiesta que me echaría. Pero no es posible. En vez de eso, lo que hago es dormir todo el rato. En mis sueños soy yo el rey. No tengo que sufrir la ira de estos cejijuntos palurdos. Se me cierran los ojos ya, la cama me llama. Se está organizando una fiesta-liada-orgía-suicidio entre mis recuerdos, hazañas y fantasías que me atrae irresistiblemente a entrar en coma y no despertar nunca más. ¡Qué más quisiera! Me da que esto va para largo…

domingo, 17 de julio de 2016

Solo un cigarro y la eternidad

La ceniza pensativa de un cigarro reflexivo se despeña al vacío harto de esperar el toque que le ayude a pasar a mejor vida. A su lado un vivo muriente medita sobre la cruda farsa a la que ha tenido la desfachatez de llamar realidad, SU realidad, viendo cómo todos y cada uno de los elementos que lo componen se van a la mierda sin remedio. Da otra calada, sin ser consciente de que a estas alturas ya se está fumando el filtro, y se sume aún más en sus locas tribulaciones. Piensa en sus amadas amapolas primero, en su más querida heroína después y en todos esos trozos de vida perdidos alegremente en cualquier esquina sucia y mohosa. Se acuerda también de aquellos amigos extraviados a millares por culpa de la misma fuerte debilidad que compartían a hurtadillas en las noches paranoicas, sintiéndose más solo a cada rostro rememorado. Siempre lo mismo. La Vida y la Muerte siguen manteniendo sus devaneos crueles ajenos al dolor de quienes lo sufren de verdad, los que son mutilados por el peso de la existencia y los que pierden su sangre por culpa de un precioso beso de la mala Fortuna. Y, aunque todos esos recuerdos apuñalen su ya moribundo corazón, deprimiéndole como nunca, una sonrisa escapa de sus labios, sabiendo que muy pronto se encontrarán en los antros del inframundo, brindando con sus jarras eternamente, convirtiendo el chocar de cristal el sonido de fondo de su tortura eterna. Sí… la verdad es que no puede haber un paraíso mejor.


Relato ganador del segundo premio en el reto de Relatos Compulsivos

jueves, 23 de junio de 2016

Sucios placeres de la vida enferma

Un cuerpo desmembrado se desangra lentamente en una sucia habitación de motel. Unos ojos negros contemplan la escena, mientras los brazos cansados y ensangrentados que los acompañan sirven una copa de whixky que gotea a la vez que la sangre cae al suelo, creando una melodía preciosamente aberrante. Los labios agrietados y secos beben el placer esbozando una sonrisa, que se hace mayor a cada segundo gracias a la escena. La polla da sus últimos espasmos antes de rociar con su esencia todos los rincones de la habitación y espera colgando a que una mano amiga lo devuelva al lugar al que pertenece. La pequeña muerte hace que la grande cobre aún más significado, en esa mente sin cordura que lo orquesta todo meticulosamente. La nariz advierte de que es hora de irse, la carne empieza a oler. Una mano abre la puerta, la otra la cierra. Los ojos no ven a la patrulla perruna que espera escondido en la entrada. Los oídos oyen un disparo y el cuerpo se derrumba. El corazón deja de latir.